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¿Ya sabes que eres un águila?

La mayoría de los miedos que tenemos no son reales y nacen de una baja autoestima que lleva a una interpretación limitante de la vida.
Creo que, en definitiva, lo más valioso que podemos hacer quienes nos dedicamos al reto de la formación, es facilitar que las personas descubran sus propias alas, que se atrevan a volar o a seguir volando a pesar de lo que ocurra en su entorno.

No conozco ningún otro hecho más estimulante que la incuestionable habilidad del hombre para elevar su vida mediante un esfuerzo consciente"
Henri David Thoreau

Me gusta ser “facilitadora”, no profesora, ni maestra, ni formadora. Facilitadora. Creo que es lo único que puede hacer el docente ante el grupo, facilitar que el participante realice cambios a través de que reconozca la conveniencia del mismo desde su propio conocimiento interior y su interés por su propia superación personal. Proporcionarle experiencias, herramientas o información que reconozca como útiles para su vida o para su trabajo. Ayudarle a observar, a sentir, a hacerse preguntas, a superar miedos aprendidos, en definitiva a encontrar y usar las alas con las que todo ser humano nacemos y que “la educación” frecuentemente nos corta.En la aceptación del miedo y en el compromiso con el cambio, se encuentra el camino de la superación personal.

El Maestro está en el SER, el trabajo del facilitador está en practicar métodos que produzcan un impacto, que ayuden o apoyen al participante a escuchar y contactar con esa parte que siempre ha estado ahí, a confiar en sus recursos. Un factor necesario para apoyar al aprendizaje es que los participantes se diviertan, que la experiencia les resulte grata y creativa para que se manifieste la sabiduría del grupo.

En mis talleres suelo contar un cuento sobre un águila que tiene que ver con lo mucho que puede influirnos el entorno cuando entramos en el miedo, debido a que nos faltan recursos de autoconocimiento o tenemos carencias para gestionar las emociones. El cuento persigue que seamos conscientes de lo que puede ocurrir cuando no somos capaces de confiar en nuestra naturaleza y actuar en consecuencia, con valentía.

Es un águila que se posa en un árbol de una alta colina a poner un huevo en su nido y, en un descuido, el huevo se cae y baja rodando hasta una granja cercana en donde se criaban pollos. Acabó sobre un nido de huevos de gallina y ésta lo cubrió y empolló como un huevo propio más. Allí estuvo el huevo del águila hasta que llegó el día de salir del cascarón. Al hacerlo se encontró con los pollitos y no se separó de ellos, imitándolos en sus gestos y forma de vida, así vivía en la granja, como un pollo más. Solo había algo que lo diferenciaba de sus hermanos, cada día miraba al cielo para ver pasar las águilas, adoraba verlas, era lo que más le gustaba, se pasaba horas alerta para no perderse el vuelo majestuoso de las águilas. Al verlas pensaba: “qué maravilla poder volar así, qué suerte ser águila, cómo me gustaría volar cómo ellas”.

Se murió sin saber que era un águila.”


 

La mayoría de los miedos que tenemos no son reales y nacen de una baja autoestima que lleva a una interpretación limitante de la vida.

Creo que, en definitiva, lo más valioso que podemos hacer quienes nos dedicamos al reto de la formación, es facilitar el vuelo para que las personas descubran sus propias alas, que se atrevan a volar o a seguir volando a pesar de lo que ocurra en su entorno.

Acercaos al borde, les dijo
Tenemos miedo, respondieron.
Acercaos al borde, les dijo.
Ellos se acercaron.
Él los empujó………y salieron volando”

Apollinaire

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